El embargo biográfico
Hay gente que no le basta con tener algo, mucho, muchísimo en la vida. Son insaciados e insaciables biográficos: quieren tenerlo todo, acaparar cada experiencia posible…y su contraria.
Fidel Castro es un ejemplo. Ha gobernado por medio siglo. Más bien mandado, porque eso de comandar la isla es un mal chiste. Ha determinado lo que se come, lo que se lee, lo que se juega. Su palabra y su imagen han poblado cada receptor y cada pupila cubana… Pero a Castro no le basta con eso, quiere además el mérito de la humildad, de la discreción, del recogimiento vestal. Quiere ser tirano y ser víctima a la vez.
Lo mismo sucede con Silvio Rodríguez. Es poco menos que el cantante oficial del régimen, algunas de sus canciones han sido promovidas al rango de patrimonio nacional, ha acumulado dinero, llenado plazas, grabado todos los discos que quiere, es delegado al parlamento… Y encima, Rodríguez, Silvio, quiere que le tomen por rebelde, por contestatario, por maldito, por cantor de los desposeídos. Quiere, además de cantar, ser cantado.
Por último tenemos a Edmundo García. Edmundo, como le decimos quienes lo conocemos (eso de “inmundo” es una homofonía de Miami), tiene el visto bueno de los amigos de Castro en los Estados Unidos (que no son pocos), es invitado a LASA sin ser académico, mantiene su propio programa de radio mientras sus camaradas son cesanteados por la competencia, anda a su vera por una ciudad que, a fuerza de inducírsele complejos, ha terminado por tolerar lo intolerable…Pero no le basta. Edmundo y la gente que le rodea, que más bien son abusadores, perturbadores de las creencias de sus vecinos, chantajistas que han convertido ser viejo en un delito, quieren también la condición de víctimas, de discriminados y, para colmo, de valientes.
EI.
Junio-2008.