Esta discusión la motivó un artículo sobre un experimento psico-económico:
Sigo con los puntos, pero ahora contestando a la cita que introdujo "Chaparrón" de Juan Ezequiel Morales.
11) Este hombre (Juan Ezequiel Morales) tiene el problema de analizar "sociológicamente" aspectos que deben analizarse "económica y praxeológicamente". Decir que el capitalismo hace del dinero un fin es un error teórico. Primero, el que hace del dinero un fin, es el "mercantilismo". Segundo, el que puede hacer del dinero un fin en sí mismo es el hombre. Tercero, sólo un "enfermo mental" atesoraría dinero por el propio "papel pintado" o "valor del metal de las monedas"... es una estupidez. Quien tiene 1.000.000 de euros, los tiene no por el dinero en sí mismo, sino por su equivalente a productos y servicios en el mercado (de otra manera, como digo, estamos frente a un demente).
12) Decir que "el dinero pone precios a las personas", es otra inconsistencia teórica. En todo caso hay personas que piensan que existen seres humanos con precio. Pero ademas, el poner un precio (es decir OFERTAR) no significa realmente un PRECIO DE MERCADO. Sólo cuando alguien compra podemos hablar de precio... mientras tanto es un "cartel de oferta".
13) Sobre el experimento. Resulta absurdo que todavía se siga pretendiendo criticar aspectos praxeológicos y económicos (propios de las ciencias sociales) bajo experimentación propia de la ciencia natural. Experimentar con seres humanos como si fueran animales, plantas u objetos es no sólo una nueva inconsistencia, sino el MAYOR ERROR DE LOS ECONOMISTAS ACTUALES. ¿Quién determina que una persona sea "neutra" al dinero?, ¿Cómo lo determina? ¿Quién determina quién tiene un pensamiento donde "prima el dinero"? ¿En qué medida?, etc... Pero además, con quiénes hicieron las pruebas, dónde, cuándo, bajo que condiciones. Existe un punto aún más grave toda PRUEBA tiene un contexto de PRUEBA no REAL (lo que en sí mismo psicológica y sociológicamente se produce una "alteración" dado que nosotros, los seres humanos, somos conscientes de todo esto).
Esto es todo por ahora. Que vengan los bombardeos!!!!. : )
CHAPARRÓN:
Interesante ese texto de Morales. El resultado del experimento confirma la lógica: si el dinero deja de ser un medio para tornarse un fin (dicho de otro modo, si tiende a ser la primera preocupación humana) es esperable que la moral se vuelva estrictamente utilitaria y al servicio de ese fin. En ese marco las demás personas, como cualquier otro ser, devienen meros medios en relación con aquél. Cuando no molestos obstáculos, claro.
Es más, llegan a "monetarizarse": quien me es útil para engordar el bolsillo se convierte en alguien valioso a quien dedicar mi tiempo (que, por supuesto, mido también en dinero). Quien no, merecerá sólo mi indiferencia o, si se pone en medio, acaso mi violencia. No es difícil entender así las guerras que organizan los magnates.
Sobre las consignas populares y su refutación, creo que es literalmente así. Al menos EN LA PRÁCTICA del "liberalismo" aplicado. En esto Marx tenía razón. Y recordemos que su crítica, en 'El Capital', partía de la mejor de las hipótesis para los partidarios del 'laissez faire', la competencia perfecta en el mercado (situación que NUNCA se ha materializado), para demostrar que aun así acabarían prevaleciendo los oligopolios.
dijo
Chaparrón dijo
Entrando al trapo. Traigo un artículo comentando una de las facetas (la sociológica) del tema que nos trae Cordura.
’La Filosofía del dinero’
Autor: Juan Ezequiel Morales
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‘La filosofía del dinero’ es una de las más famosas obras del sociólogo Georg Simmel, y que debe estar presente en cualquier digresión sobre el vil metal. En su análisis este pensador, aún a principios del siglo XX, notó que la racionalidad formal del capitalismo producía, por medio de la circulación del dinero, una alternancia viciosa entre medios y fines. Los medios pasan a ser los fines, y los fines son medios que pasan a ser otros fines, que a su vez se vuelven medios, lo que forma ese círculo que eternamente se muerde la cola. El ser humano termina, no deseando al dinero como medio, sino como fin en sí mismo. El dinero cuantitiviza lo cualitativo de la vida, pone precio a todo, incluidas las personas.
Estas aseveraciones que Simmel había depurado en conversaciones con Max Weber, y que se habían originado en el embate filosófico que había significado la obra de Karl Marx acerca de la alineación del ser humano en la etapa capitalista de la humanidad, son entendibles en un marco de filosofía humanista, histórica y social. Pero hoy día esos razonamientos no bastan, como que nos dejan con una sensación miscelánea, floja, inacabada. Más robusto nos parece si ese mismo veredicto viene dada de una disciplina como la neurociencia. En efecto, en noviembre del pasado año se publicó en la revista Science un artículo, ‘Las consecuencias psicológicas del dinero’, de las psicólogas Kathleen D. Vohs, Nicole L. Mead y Miranda R. Goode, quienes llevaron a cabo nueve experimentos distintos para denotar las diferencias comportamentales de personas que enfrentadas a diversas situaciones lo hacían disponiendo de pensamientos relacionados con el dinero, respecto a otras que, como grupos de control, no tenían pensamientos relacionados con el dinero.
Los experimientos solicitaban, de ambos grupos, acometer tareas como llenar varias hojas de papel de códigos voluntariamente, o de compartir un bolígrafo para los trabajos, o de ceder parte de los beneficios conseguidos en los juegos experimentales. Aquellos participantes que manejaban pensamientos neutrales manifestaron en las tablas mayor capacidad de colaboración grupal, y los contextualizados con pensamientos en los que primaba el dinero, se revelaron con niveles mayores de autosuficiencia y menos colaboradores, con diferencias de hasta el 50%. Incluso las preferencias de distanciamiento físico entre ellos, en escalas de centímetros, se tabularon sobre un 40% mayores entre los sometidos al pensamiento de dinero respecto a sus compañeros, proporción de repulsa que se mantuvo en las actividades de solidaridad, y que aumentó a más del doble si se trataba de la elección de trabajar solos en las tareas encomendadas.
Queda demostrado que, al menos neurocientíficamente, el dinero, pese a ser un producto sociológico, es un gran conversor de los medios en fines en sí mismos, y un gran proactivador del individualismo. No dirige la historia precisamente hacia la solidaridad humana.