En mayo del 2002, gracias a Iraida Iturralde, María Pérez y el Centro Cultural Cubano de New York, conocí al Dr. Manuel Márquez Sterling. Compartimos jornada en las celebraciones por el centenario de La República en un salón de Lexington. Yo andaba todavía con la resaca habanera de la desmitificación martiana, un programa que mi generación satisfizo con creces, y leí unos papeles titulados “Cuba es la noche”. En el receso tuve una breve conversación con el profesor de New Hampshire y… empezaron a cambiar algunas cosas para mí.
Hace unos días, el jueves 29 de mayo, me lo tropecé nuevamente en el Koubeck Center de la Universidad de Miami y se repitió la historia. Lo que ahora era él quien se había “desmartianizado” un poco, e insistía en la necesidad de resaltar la figura de Carlos Manuel de Céspedes. Claro, como pedagogo y descendiente de grandes políticos reformistas (digo yo), prefirió una vía más discreta para plantear el asunto: “Donde quiera que iba Martí, llevaba un pequeño retrato de Carlos Manuel de Céspedes”.
Aprovecho este lance para recordar que un día, en el Anfiteatro Manuel Sangüily de la Facutad de Filosofía de Historia de la Universidad de La Habana, en franca alusión al “programa martiano” de Cintio Vitier, el Historiador de la Ciudad de La Habana Eusebio Leal hizo una radical profesión de “cespedismo”. A lo que Vitier respondió después advirtiendo en público: “Hace tiempo que ya Cuba escogió a su Apóstol.”
La noche del reencuentro, en que se presentaba un libro de Alberto Luzárraga, el Dr. Márquez Sterling se mostró optimista y magnánimo. Tanto, que dijo que no importa que los cubanos no sepan historia de Cuba, que eso es salvable. Que de hecho tampoco en La República se sabía mucho del asunto. Y fue entonces que encaró el público (para más vergüenza estaba en primera fila) y dijo: “A ver, qué se conmemora un día como el 29 de mayo en la historia de Cuba.” Silencio total. Solo el Dr. Alberto Sánchez de Bustamante, que estaba a su lado, alcanzó a susurrar: “La derogación de la Enmienda Platt”.
Literalmente Márquez Sterling advirtió: “Si los cubanos de hoy no conocen su historia, tampoco la conocíamos nosotros.” Eso fue lo que dijo; él, que es una persona que aún conserva entre sus recuerdos infantiles la visita de Menocal (un señor de barba roja y sombrero de paja) a su casa y que, sin embargo, no alcanza a recordar que le enseñaran a Estrada Palma, José Miguel Gómez o Alfredo Zayas, es decir, la historia presidencial de la nación cubana.
A final el Dr. Márquez Sterling alcanzó a ser polémico y con mucha energía sentenció: “La historia de Cuba quedó en manos de chismosos, mentirosos y de revistas que se abandonaban en las barberías… Como Bohemia.”
Articles are copyrighted by their respective authors.